Voy a contar la breve y triste historia de un toro de lidia.

Su padre un semental de buena planta. Su madre una vaca brava, que ya había tenido hijos, que demostraron su buen juego en el coso. Nuestro torito nació manchado del agua-sangre de la placenta. Nada más salir a la luz, trató de ponerse en pie, y lo logró,…. mientras, se tambaleaba sobre sus finas patitas.

Creció en la dehesa, correteaba de aquí para allá. Desde los pastos del norte a los del sur, y al río en busca de agua. De vez en cuando, se llevaban a algunos compañeros. No sabía adónde, ni para qué. Luego, un día, le tocó a él.

Había cumplido cuatro años. Qué gallardía! Lo metieron en un cajón y volvió a ver la luz en un corralito. Allí había seis machos más. También se iban de uno en uno. Le azuzaron por un pasillo y salió a una explanada redonda. Vio a muchos humanos juntos. Le marearon con un trapo, le pincharon en  el lomo. Luego notó fuego hasta su corazón y ya no supo más.

Triste historia. Pero real. Pensadlo por favor…

(Nota: No sé quién es el autor del texto que acabo de reproducir, lo encontré por internet, si alguien lo sabe que me lo diga por favor).

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